Abismo

Un día, Blas pensó que no podía sufrir más, que había llegado al límite. Que no había nada equiparable al dolor que le oprimía el pecho como miles de agujas, cada vez que se atrevía a respirar. Hasta que una mañana se levantó y no sintió nada. No había dolor. Ni opresión, ni agujas. Pero…