ABAJO; SOL.

El sur me llena la piel de ramas

cuando se aleja.

 

Día a día tacho el presente

con la yema del mar

y pienso que hay tactos apagados

que encienden más

que cinco sentidos.

 

El sur siempre se queda;

abierto en su hueco

deja paso a mi huella forastera

que ojea,

entre calle y calle

monumentos de piedra.

 

La ciudad es un periódico abierto

que no calla lo que pasa

siempre que paseando por el medio

nace la playa

entre dos supermercados.

 

El sur es lo que tiene: salida.

Entre tanto ladrillo y luz

brilla la luna encima del mar.

 

Y todo parece encajar

tras haberse perdido las piezas

de una rotura intacta

que no supo caer tanto como dolió.

 

El sur duele tanto como lo aprietes

y lo apretarás

tanto como lo sientas.

 

La carne cabe en la orilla

cuando la playa duerme

y la noche la mira.

 

Piel de gallina

si te acaricia el calor.

 

Alma sumergible

si te alcanza la ola.

 

El sur planta árboles

con la punta del verano

mientras el año pasa

y él sigue ahí;

viviendo como nadie ha sabido vivir.

 

Autora: Patricia Suárez (@patriciasual)

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