Vivencias

Me miro en el reflejo de la copa de vino tinto que tengo delante
y se presentan unos ojos con un brillo distinto
con miles de batallas vistas
y sobre todo, luchadas.
Me fijo todavía más si puedo
en el envoltorio de mis ojos:
unas dulces y cada vez más amontonadas arrugas de tanto reír.
Podría decirle al destino disfrazado de juez
quienes son los culpables del acordeón que cubre mis ojos
te puedo dar nombres y apellidos,
pero sobre todo momentos y ciudades.
Doy un sorbo a la copa de vino y empiezo a reír.
Y miro fijamente la curva de mi sonrisa
y vuelvo a echar la vista atrás
paseando por cada una de las batallas que perdí
y me identifico con un caracol que quiere pasear en un día lluvioso
pero al final consigue el arcoíris y paz. Y Tranquilidad.
Saboreo el vino tinto y lo dejo reposar en el paladar
mientras más pasajeros se instalan en mi mente con forma de recuerdos,
de vivencias…
de mi vida.
Recuerdo los miedos, los nervios, la mayor pena de las penas
inundando mi alma de lágrimas.
Recuerdo las palabras que reconfortan en los días de lluvia
y recuerdo convertir los nervios en ganas
en fuerza
en victorias.
Como si de magia se tratase
pero aquí la única magia es la que tienen los niños la noche del 5 de enero
saboreando polvorones antes de encontrarse sus cuartos con tesoros con forma de regalos.
Doy el último sorbo de mi copa
y empiezo a entender el porqué de mi sonrisa,
de la risa,
de mis ojos
de las arrugas
y hasta de las ojeras…
la única culpable de mi risa soy yo,
por convertir mi corazón en guarida, en hogar,
las batallas de mi vida en una guerra al desafío ganada.
hacer de los momentos las más divertidas aventuras
y tener como compañera de viaje, únicamente… a mí misma.

Autora: Latt.

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