Ya no hay ejecuciones públicas en las plazas

Ya no hay ejecuciones públicas en las plazas
y los niños se aburren en la plenitud de sus facultades:
sólo pueden matar al prójimo en mundos virtuales
en los que el soldado resucita una y otra vez
para vivir la misma escena a tiro limpio
para morir dentro de sí mismo
en un día de la marmota gris y violento

pasean la tortura del salvador
que una vez
dicen
fue hombre
dios
e hijo de dios a la vez:
entonces hablaremos de suicidio
de rebelión catatónica
contra el pueblo invasor
que tanta gloria trae
como ruinas dejará:

sólo son piedras puede que sobrevaloradas
es mejor que el hormigón las cubra
comenzar otra vez desde el principio
volver al agua y pensárselo dos o tres veces
antes de asomarse a la orilla
y poner cuerpo a tierra firme:
ahogarse de nuevo
con la sublime intención
de heredar la tierra
y luego descansar
un día a la semana
porque evolucionar es agotador
no nos engañemos
“si una joven se casa sin ser virgen
morirá apedreada”
y “si un hombre yace con otro
los dos morirán”

qué tipo de ejecución sería la adecuada
para la hija del sacerdote
que se prostituye?
(me refiero a la hija)

democraticemos la muerte
el escarnio público
antes de dar el paseíllo anual
a esas figuras del hijo del hombre
que sufren en silencio y a oscuras
el desprecio intrínseco que destila
aquel amor inicial ya mutilado.

Autor: José Yebra

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