Imágen de un cielo estrellado

Ha de prenderse
cada noche
entre los fuegos,
etéreos seres de luz inequívoca,
y perderlo todo,
forma y huellas,
dios y rostro.
Desfallecer el alma y el día y,
ante la decrepitud del cielo,
rogar por los cantares
y la arena
y la cal,
y destronar con ellas
los sórdidos aguijones
que sacian el firmamento
con el vestido,
de selva o de muerte,
de la aurora.
Nada alimentan que el sangrado
firme de la mente,
o el cobijo de los puños
en las almas,
cuando entierran en el fango
leve o sórdido de su ignorancia,
una risa que
ni ellas mismas
iluminan.

 

Autor: Hedoné (@hedonepoesia)

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