A FLOR DE TIEMPO

Me siento solo y no lo ves,
tienes prisa en las manos otra vez
y te vas sin acariciar mis lágrimas
que te gritan quédate,

un ratito más.

Es por darte lo mejor entiéndeme,

me dice un beso relámpago en la frente.

Yo te entiendo,
te gritan mis brazos que quieren abrazarte,

lo intento, créeme.

Pero ¿no me ves?

Ayer rompí un plato para que me mirases,
con esos ojos de disgusto
que no son mis favoritos,
ni son los que mejor te quedan,
pero levantaron la mirada de los papeles para ser míos,

por un instante.

Te hice un dibujo y lo pegaste en la pared.
Muy bonito hijo, quién es.
Soy yo papá.
Qué bien.

¿Bien?

El dibujo lloraba.
Lloraba un yo diminuto en una esquina del papel y lloraba un tú tan grande en el centro por el que no preguntaste…

No te ves…no me ves…

Tenías prisa otra vez.

Yo volví a guardar mis lágrimas bajo la cama, en una cajita que lleva tu nombre, papá.

En ella las lágrimas se vuelven minutos que guardo para nosotros,

así un día tendremos el tiempo que a ti se te escapa.

No te preocupes que yo lo guardo.

Siempre dices que no llegas,
que te faltan horas para hacer todo lo que debes…

Y yo tengo tantas dibujadas en las paredes de mi habitación…

Cada noche se me cuelgan de las pestañas, por eso a veces corro a tu cama.

Es ahí donde tus horas se suman a las mías y me siento por fin a salvo y parte de ti.

Cuando cada noche se duerme la prisa.

Autora: Jenny Areda  (@jenareda)

 

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