El perfume del destino

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Ella dibujaba corazones a escondidas. Trataba de aparentar tranquilidad cada vez que el perfume de él se colaba hasta el botón del ascensor como un reproche a su cobardía. El día menos pensado lo haré. Me atreveré a mirarle a la cara, cogeré su mano, le diré te amo y besaré sus labios. Mientras tanto se deshacía en suspiros que lanzaba al aire con la esperanza de que él los recogiese al respirar y así colarse en su dormitorio en forma de partícula. Le diré, ahí estaba yo. Esperando detrás del espejo para que tu primer guiño del día fuese para mí. Pero nunca se atrevió. Murió sola, en una ciudad que nunca fue suya. De la misma manera que su vida siempre le fue ajena, lo fue su lecho de muerte. La traicionó. Cuando vinieron a rescatarla el colchón escupió una libreta llena de corazones. Fue lo único con lo que no se atrevieron las llamas. Eso y un cenicero de acero en el lugar donde una vez existió una almohada. Que cobijaba llantos de amor y desesperanza. Un bombero con alma de poeta recogió los corazones y leyó en la última página dos nombres y una promesa. ALGÚN DÍA LO HARÉ.

El se perfumaba antes de salir de casa. Sabía que la encontraría saliendo del portal a la misma hora. Quizá si me atreviese a preguntarla qué tal va todo se fijaría en mí. El aroma la acercaría a dos milímetros de mi cuello intentando averiguar el perfume que uso. Levantaría la mirada para preguntarme y besando su boca la regalaría todas las lunas que guardo para ella. Pero no llegó el tiempo de atreverse. Un buen día dejó de ser bueno y ella desapareció para siempre. Aunque a veces, mientras se arrancaba las canas, creyó sentirla al otro lado del espejo. Los años apagaron el tono de su voz y el brillo de los recuerdos. Pero jamás la imagen de su gran amor. Lo leyó en el diario el día que llegó a aquella ciudad que siempre quiso visitar antes de morir. Dispuesto a cumplir al menos uno de sus sueños, cogió un avión. Apenas dejó las maletas, se arrebujó entre un croissant, un café descafeinado y las noticias del día abiertas por las necrológicas. Derramó el café aguado sobre su camisa y se marchó corriendo sin pagar. Varias llamadas después se lo confirmaron. Ella vivió en esta ciudad durante todo este tiempo perdido.

Su figura encorvada se agarra a la verja del cementerio y saca una libreta del bolsillo llena de corazones con dos nombres y una promesa y escribe, no llegué a tiempo mi amor. Se pregunta qué tipo de fatalidad se empeña en enterrar sus sueños bajo una losa de mármol con una inscripción. SIEMPRE TE AMÉ. El hombre camina con pasos desorientados. El abrigo arrastrando por el campo santo, agarrado desesperadamente al único dedo que lo sostiene. Cosida a su pantalón, la sombra del destino vierte lágrimas y golpea el suelo repitiendo sin cesar… no, no fui yo quien que os separó. Fue vuestro miedo a la vida.

 

Autora: Carmen López

Plural: 2 Comentarios Añadir valoración

  1. La historia está muy bien redactada y narrada. La idea es muy bella, y deja entre ver un mensaje muy bueno, atreverse porque en esta vida son dos días. Me ha gustado mucho. Saludos!!! Keren

    1. Carmen dice:

      Muchas gracias por tu tiempo y tu comentario Keren. Un gran abrazo!!! Carmen

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