BOLERO EN DO MAYOR

Te extraño. Desde el mismo momento en que bajé del vagón. Cómo imaginar que una noche cualquiera en un tren sin destino, encontraría el motivo por el cual respirar el resto de mi vida. Porque tal vez pienses que soy un poco insensato, pero es que apenas he intuido tu presencia y mi piel se ha erizado. El sonido de tu voz hace acto de presencia y miro hacia atrás por si estás aquí. Pero no. No estás. He sido un estúpido. Marchar sin preguntarte, sin decirte que te amo, sin proponerte que te cases conmigo. Claro, dirías que estoy loco. Pero al menos tendría la certeza de que sigues pensando en mí igual que yo en ti. Que no sé que me ha pasado pero los minutos se han vuelto horas y ya no puedo ni reír. Mateo está extrañado. Vamos Enrique, te invito a un par de vinos que hoy es día para celebrar. Para celebrar qué, me pregunto por dentro. Para celebrar que acabo de perder el rumbo en el mismo instante en que he tomado tu mano entre las mías. Y la he dejado escapar.
Me dejo llevar, rudo y desasosegado. Quizá un trago te aleje de mí y pueda volver a ser el que era esta mañana. Me he despertado cuando el gallo cantaba. Aún reinaba la oscuridad tras la ventana. Tras de mis ojos también. Porque es que hace siglos que renuncié a ser feliz. Porque ni siquiera creo ya en esa palabra para mentes débiles. Felicidad. Aquí lo que cuenta es trabajar de sol a sol y tener algún momento para festejar con los amigos. Eso es todo lo que espero de este mundo que nos ha traído aquí a sufrir. A qué si no. Que miro alrededor y si no fuese por este trozo de tierra y cielo al que me aferro, a las espigas doradas por este sol que quema más que ilumina, a la lluvia que encharca el campo y me hace pasar las horas canturreando algún bolero, bajito, para que no se espanten los gatos con un do mal sostenido… Si no fuese por eso, yo no sería más que una sombra sin nombre reflejada en un rincón detrás de la iglesia. Entre el huerto y la tapia del cementerio.
Mateo me coge por los hombros y me invita a brindar. Enrique joder, que parece que estás en Babia. Vamos que te llevo al baile a ver si te encuentro una novia que te cambie ese humor de perros. Acepto a regañadientes. No por la novia, que ya tengo una con la que no me voy a casar. Que mi madre se ha empeñado por cosa de las tierras pero yo ya estoy bien así, libre como el viento. Y no hay más que hablar. Voy por escuchar alguna canción triste. De esas de amores imposibles que tanto me gustan. Hoy me hablarán de ti. Porque créeme si te digo que aunque te acabo de conocer, no quiero separarme nunca más de ti. Que si ahora mismo el universo me regalase un deseo no pediría otra cosa que poder verte por un instante y saborear el color de tus palabras rodando por mi corazón. Porque de repente todo ha cobrado un sentido y esto no puede quedar en un simple sueño. Que siempre he jugado con la vida saltando la línea del tiempo, pero hoy solo quiero parar.
Y paro. Todo mi ser ha entrado en un impasse… Se apagan las luces, los murmullos, los rostros, los pensamientos… No. Esos no. Esos se me han desbocado… Frente a mí, a lo lejos, se adivinan las siluetas de dos mujeres. Se aproximan hablando y riendo. Una de ellas brilla tanto que la luna se retira tras la alameda para cederle la noche. Mateo se acerca a saludarlas. Los tres se dirigen hacia mí. No quiero dar fe a estos latidos que me sacuden el pecho. Pero espera. Sí. Eres tú. Y yo solo puedo mirarte fijamente y sonreír y dar gracias al destino y a las estrellas fugaces y a los ángeles que te acompañan y te traen de nuevo a mí. Que creyendo morir, acabo resurgiendo de los escombros de mi mala suerte. Te acercas resuelta y me rescatas pero no puedo ni moverme. Aunque me siento flotar. Mi cuerpo es una pluma ligera que se balancea al ritmo de tu respiración. Extiendes tu mano de nuevo, regalándome un suspiro. Tomo tu cintura dejando que la música nos marque el compás.
El amor cose tus pasos a los míos en el baile más bello que nunca nadie pudo imaginar.

 

Autora: Carmen López.

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  1. Mirella dice:

    Precioso como todo lo que escribe Carmen, cada vez que veo algo suyo he de dejarlo para cuando esté en casa tranquila y con tiempo de admirar esa manera suya de escribir tan delicada, que va directa al corazón, todo lo que escribe te remueve por dentro.

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